Los privilegios no existen

A veces la vida es una mierda e injusta y no hay nada que podamos hacer para ayudar. Ni siquiera escribir.

Los privilegios no existen, me dijiste. Existe el trabajo duro y el esfuerzo. Existe la dedicación y los méritos.

Los privilegios no existen, me dijiste. Partimos todos de la misma línea y solo avanzaron los más dedicados. Los que se quedaron atrás tienen la culpa de estar ahí, por no haber trabajado lo suficiente.

No existen los privilegios, me dijiste. Y yo sé que lo dijiste porque nunca te pesaron los pies, por patear calles con currículums en las manos y porque jamas sentiste el sabor aguado de la polenta por cuarta vez en la misma semana.

No existen, no existen, me dijiste. Porque en toda tu vida, no hubo un solo invierno en el que durmieras abrigado del frío y porque nunca viste a tu vieja llorar por las várices.

Los privilegios. No existen. Me dijiste.

Porque nunca te pesó tu color de piel, ni tu ropa, ni tu manera de hablar.

Porque nunca ayudaste a una compañera de trabajo a imprimir currículums en secreto en la oficina, con el silencio total de fondo que hay después de una noticia de mierda.

Porque vos no sabes nada de despedirte de ella un invierno bajo la lluvia -con sus zapatos embarrados de desgracias que no eligió y los tuyos llenos de tantas cosas por lo que nunca trabajaste- mientras le deseas suerte en la vida y le decís que conocerla a ella, fue todo un gran privilegio.

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