Lo que aprendí la tarde boca arriba

En 2018 tuve un accidente y fueron mis amigas las que estuvieron ahí para ayudarme. Y mientras viajaba en ambulancia, pensaba en escribirles esto a ellas. Fue mi manera de decirles gracias.

Cuando tenía catorce años, en el colegio nos hicieron leer un cuento de Cortázar que se llamaba «La Noche Boca Arriba», que lleva ese nombre porque, en un momento, el protagonista está boca arriba, acostado sobre una piedra esperando a que lo sacrifiquen.

Me había olvidado de todo el relato hasta hoy en donde, por un conjunto de eventos, tuve que quedarme boca arriba más tiempo del que me hubiese querido. Así, como el señor del cuento, pero con la única diferencia de que yo no estaba rodeada de Aztecas que querían matarme de noche, sino que era la tarde en medio de las sierras cordobesas.

La tarde boca arriba fue el no saber frenar. Fue el golpe. El dolor. El estar sola y del otro lado. La tarde boca arriba fue la respiración entrecortada, el no poder pararme. Fueron los paramédicos preguntándome mi nombre, mi edad, mi dirección, mi Ciudad, mi DNI una y otra vez. Fue el no poder moverme. La tarde boca arriba fueron los «tranquila, Juli» de desconocidos. Los «ya va a pasar». Fueron las lágrimas porque no podía avisarle a mis papás lo que me pasaba. Fueron mis papás lejos. La tarde boca arriba fue mi primera vez en ambulancia. Fue la sirena de la ambulancia recordándome todo el tiempo que había una emergencia y que esa emergencia era yo.

Pero la tarde boca arriba también fueron ellas. En todo momento, fueron ellas. Fue Lu animándose a cruzar para traeme pañuelitos y enseñarme a respirar «como embarazada» y así calmarme. Fue Luli agarrándome fuerte la mano y llamando a mis papás. Fue Flor subiéndose conmigo a la ambulancia y diciéndome que con la sirena íbamos a pasar como reinas por la calle. Fueron ellas haciéndome tantos chistes que tenía que pedirles que paren porque me dolía reírme.

La tarde boca arriba fue el abrazo que nos dimos las cuatro cuando todo terminó. Y fue saber que, justamente, esto no terminó. Fue saber que las tengo para siempre por todo el resto de las tardes boca arriba que queden por venir.

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