Me queda tu sonrisa eterna

Hoy te fuiste. No sé a dónde. No sé por qué. No sé si sabías que te ibas. No sé si te quedó algo por decir. Hoy te fuiste y por un momento no supe dónde volver a encontrarte. A tu pelo blanco. A tus ojos celestes. A tus manos llenas de años. Hoy te fuiste pero al final supe, ¿sabes? Que siempre vas a estar acá. Que te voy a encontrar en todo momento. Cada vez que prenda la radio y me quede escuchando un ratito la AM. Cuando camine por tu Boedo querido y suene un tango. Cada vez que la plaza esté llena y la gente en la calle. Aunque sea por un ratito, nos vamos a encontrar, las dos.

Hoy te fuiste y anotaste en un papel: «Queda en ustedes la posta«. Y a mi me salió esto. Porque te quise y quiero tanto. Porque me queda tu sonrisa eterna y porque fuiste la abuela más compañera que pude haber pedido alguna vez. Porque escribir es mi manera  de decir. Y hoy te digo que ojalá hayas mirado hacia atrás y te hayas sentido enorme. Tan enorme como te sentí yo toda mi vida. Tan enorme como siempre te voy a sentir.

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