De mudanzas y marquitas en las paredes

Porque los primeros días en una casa nueva se sienten como estar de vacaciones en un lugar ajeno y más si el dueño anterior se dejó un cartelito en la puerta de su cuarto. Permiso Sebastián, voy a ocuparte la habitación, besitos.

No me gusta escribir en las notas del celular. Pero la compu ya está guardada y hace tiempo que no escribo a mano. Hace como 2 casas a atrás sí escribía a mano. Agarraba un papel, una lapicera y si me equivocaba, tachaba. Era más fácil, creo, más directo. Escribía algo y ya existía para siempre, había evidencia. Ahora para que algo quede hay que pasarlo a mano.

Que pena, pienso. Que me haya desacostumbrado a escribir a mano.  Antes era todo un poco más auténtico, quizás.  lgual a esa edad, a los 11, le tenía miedo a dormir sola y me iba siempre a la cama de mamá todas las noches. A los 11, seguía siendo la menor y le pegaba a mi hermana cada vez que nos peleábamos. A los 11, pensaba que ir a la cancha era de varón y ni siquiera gritaba los goles de Boca por la tele. A los 11, también, pegaba recortes de revistas en las paredes y las arruinaba todas. Antes. Ahora ya no, ya aprendí.

Y tal vez, para eso sirvan las mudanzas. Para aprender. Para acordarnos de cómo éramos cuando atravesamos esa puerta por primera vez y ver qué tan distintos somos. Para ver las marcas de cinta en la pared y convencernos de que en la próxima casa no vamos a hacerlo.  Para entender que los recuerdos no se guardan en cajas, por más etiquetas de «frágil» que tengan.

Ayer pensaba: Me mudo. Cambio de casa. Mira si mi primer amor de los 13 se arrepiente de haber cortado y quiere buscarme. No me va a encontrar.

Quizá también sirvan para eso, las mudanzas. Para dejar ir y cerrar la puerta. Para irnos y dejar que las paredes se llenen de otras historias, de otras risas y otros llantos. De otros gritos de gol y secretos compartidos a medianoche.  Quién dice. Tal vez a partir de mañana mis vecinos escuchen a un loquito gritando los goles de River en su casa nueva. Eso si, le dejé las paredes llenas de marcas de cinta vieja. Perdón, además de ser bostera antes era Belieber. Igual esos son detalles. Bienvenido al barrio.

Ah, y me olvidaba. Termino de escribir esto en mi nueva casa, en mi nueva habitación, en el cuarto que no hace tanto era de otro chico. Sebastián, se llama. Se dejó el cartelito en la puerta y, también, recortes de revistas pegados en las paredes. Como yo a los 11, pienso. Nada más que él se dejó carteles de River Campeón del Clausura 2002, fotos de Ortega y posters de Francescoli. Justo gallina tenía que ser.

Bueno, en fin, ahora la que tiene marquitas en las paredes otra vez soy yo. Pero igual esos son detalles. Bienvenida al barrio.

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