Offside

Me pasa a veces. Que no puedo escribir. No es que tengo una idea brillante pero me cuesta ponerla en palabras. Es más que eso, ni siquiera puedo pensar en algo. Es no tener nada directamente. ¿Viste cuando se corta el cable que en la pantalla aparecen mil puntitos que no forman ninguna imagen? Bueno, es así, tal cual. Las ideas van y vienen, se mueven, algunas nunca vuelven y otras se destacan, pero aun así no  puedo escribirlo. Es como si me faltara el hilo que las conecta, el gancho, el desarrollo, el final con remate.

Pero hoy es sábado y todo es distinto porque se siente domingo. Capaz sea por la lluvia y el frio, o porque hoy mamá compró facturas. Quizás se siente domingo porque estuve mirando los Simpsons todo el día en vez de estudiar, o porque volvió el fútbol y el fútbol me remite a los domingos en la cancha.  O tal vez, lo siento así porque tu equipo siempre juega los domingos, y aunque hoy es sábado ahí están los 11 tipos usando esa camiseta que tanto amas, bajo la lluvia, corriendo sobre el pasto verde y embarrado, mientras  mamá come medialunas y vos muy probablemente estés en tu casa, sentado en el borde de tu cama, mirando la tele y comiéndote las uñas.

Me pasa a veces. Que te extraño, ¿sabes? Nunca te lo dije pero te extraño. Y como sé que ahora no me estás prestando atención porque el rival está a punto de patear un córner y estás bastante pendiente de eso, yo te lo digo. Te extraño. A vos, a las conversaciones que teníamos, a nuestros chistes internos, nuestros códigos, la forma en la que nos entendíamos el uno al otro. Nada que ver a tus defensores, que no se entendieron entre sí y después del centro, cabezazo y gol. Tu arquero se acaba de comer un gol tan pelotudo que te imagino, ahora sí, apartando la mirada de la tele. Porque me acuerdo que cada vez que te hacen un gol, cambias de canal durante un minuto completo porque no toleras los comentaristas exagerados gritando, o que te enfoquen a los hinchas contrarios festejando. Podría aprovechar este momento y decírtelo, que te extraño.

Pero me pasa a veces. Que te extraño y no puedo escribirte. Que quiero hacerlo pero no sé cómo. Si hablar como si todo estuviera igual o hablar de lo que pasó. Lo que pasó. Te imagino perfectamente preguntándome qué pasó, si para vos no pasó nada. Y estoy a punto de explicarte, pero de la nada tu  10 se manda una jugada de PlayStation y esquiva a uno, a dos, a tres jugadores, y al cuarto ya lo sabes. Te sacas la mano de la boca, te levantas del borde de tu cama, esquiva al cuarto y gol. Entonces me callo. Te dejo festejar y gritarle el tanto a tu vecino de enfrente que siempre te descansa.  Disfrutalo, es todo tuyo.

Nunca se me hubiera ocurrido, ¿sabes? Pensar que ibas a ser de esos que van (Aunque a veces me entra la dudo y siento que la que se fue soy yo). Pensé que nos ibamos a quedar, pese a todo, que de grandes nos íbamos a acordar de todas las veces que trataste de enseñarme a jugar a la Play y yo convencerte de mirar Pretty Little Liars, para terminar  fracasando estrepitosamente, ambos.

Y ahora que llegó el entretiempo capaz pueda decírtelo, que te extraño, que no puedo escribirte y que pensé que ibas a quedarte, pero me acuerdo de una canción de Taylor Swift y una cosa lleva a otra, y me pongo a escuchar sus canciones. Me olvido del partido, del empate, de la lluvia. “Apuesto que nunca se te ocurrió que no puedo decirte ‘hola’ y arriesgarme así, a un ‘chau’”, dice la letra. Y sé que estás a punto de decir que soy una dramática por escuchar canciones así, cuando de la nada tu equipo hace otro gol. No sé cómo, no sé quién, pero veo a tus jugadores embarrados y empapados festejando uno arriba de otro porque faltan 2 minutos para que termine el partido.

Así que apago la música y me resigno a escribirte. Sé que estás en otra, probablemente gritándole a la tele para que el árbitro lo termine de una vez. Te dejo ahí, disfrutando esos tres puntos mientras especulas sobre la próxima fecha. Porque encima la próxima juegan de local. Y te veo ahí a lo lejos, feliz y radiante, sin meterme ni escribirte. Mirándote desde el otro lado y más de un metro adelantada, para que si me equivoco e intento hablarte, el referí levante el banderín y me anule la jugada. Fuera de juego.

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